Campo al amanecer con neblina después de la lluvia

Por qué un aroma puede regresarte a tu infancia

María Paula, co-fundadora · 5 min de lectura

Crecí entre llanos y fincas, y hay olores de ese tiempo que todavía me acompañan. La tierra mojada cuando empieza a llover, el aire fresco de la mañana, el campo abierto que parece no terminar. A veces basta un instante, una brisa o un poco de lluvia, para que vuelva a estar ahí. Y cada vez que regresan, pienso sobre todo en mi mamá.

Seguro te ha pasado. Un perfume en la calle, el olor de la tierra mojada o el de un pan recién hecho, y de pronto vuelves a un lugar que creías olvidado. Quise entender por qué pasa, y esto es lo que encontré.

El momento Proust

En 1913, el escritor francés Marcel Proust publicó el primer tomo de En busca del tiempo perdido. En una de sus escenas más famosas, el narrador moja un trozo de magdalena en té y, al probarlo, todo un pasado regresa de golpe: la casa, el pueblo, las personas de su infancia.

La escena es tan conocida que dio nombre a un fenómeno: el «momento Proust» o «fenómeno Proust», una experiencia sensorial que despierta recuerdos lejanos y llenos de emoción. Lo curioso es que, aunque Proust habla de un sabor, la ciencia apunta a otro sentido. En un panel de la Universidad de Harvard, el neurobiólogo Venkatesh Murthy explicó que casi todo lo que llamamos sabor es, en realidad, olfato: al masticar, las moléculas de la comida llegan a la nariz desde dentro de la boca. Él lo resume con una prueba sencilla: si comes un helado de vainilla con la nariz tapada, solo vas a notar que es dulce.

Lo que pasa en tu cerebro

¿Por qué los olores tienen tanto poder sobre la memoria? Parte de la respuesta está en la anatomía. Según Murthy, la información del olfato pasa por el bulbo olfatorio y llega muy rápido al sistema límbico, que incluye la amígdala y el hipocampo: dos regiones relacionadas con la emoción y la memoria.

En 2004, la psicóloga Rachel Herz y su equipo de la Universidad Brown lo observaron con resonancia magnética funcional. Pidieron a cinco mujeres que recordaran un momento importante de su vida a partir de un olor ligado a ese recuerdo y también a partir de una imagen. Cuando el recuerdo llegaba por el olor personal, la actividad en la amígdala y el hipocampo fue mayor que con cualquier otra señal, y las participantes reportaron las emociones más intensas. Es un estudio pequeño, pero mostró en el cerebro algo que muchas personas describen desde siempre.

Los recuerdos más antiguos llegan por la nariz

Hay otro detalle que me conmovió. En 2006, los investigadores suecos Johan Willander y Maria Larsson les pidieron a 93 adultos mayores que contaran un recuerdo a partir de una palabra, una imagen o un olor. Los recuerdos que despertaban las palabras y las imágenes se concentraban sobre todo entre los 11 y los 20 años. Los que despertaban los olores eran más antiguos: la mayoría venía de la primera década de vida, antes de los 10 años.

Es decir, cuando un aroma te regresa a la infancia no es solo una impresión tuya: eso es lo que encontró este estudio. Una revisión de los psicólogos Simon Chu y John Downes, publicada en el año 2000, ya señalaba que había evidencia, todavía preliminar, de que los olores pueden despertar recuerdos personales con más eficacia que las señales de otros sentidos.

Lo que esto me enseñó sobre la casa

Desde que leí todo esto, miro mi casa de otra manera. Los olores de todos los días (el café de la mañana, la ropa recién lavada, el aire después de la lluvia) no son un detalle: son la materia de los recuerdos que alguien va a guardar. Quizá tus hijos, tu pareja o tú, dentro de muchos años, regresen a este momento por la nariz.

No hace falta nada especial para cuidarlo. Solo poner atención.

Un pequeño ritual para esta semana: tu inventario de aromas

  1. Elige un momento tranquilo del día: al despertar, al llegar a casa o antes de dormir.
  2. Cierra los ojos y respira lento tres veces. Nota a qué huele el lugar donde estás, sin juzgarlo.
  3. Ponle nombre a lo que percibes: café, madera, jabón, lluvia, pan.
  4. Deja que llegue un recuerdo, si llega. No lo busques; solo recíbelo.
  5. Escríbelo en una libreta: el aroma, el lugar y lo que recordaste.

Al final de la semana vas a tener una pequeña lista de los aromas que ya forman parte de tu historia. Los míos siempre me llevan de vuelta a los llanos, y a ella.

Con cariño, María Paula


Fuentes

  1. Walsh, C. (27 de febrero de 2020). «What the nose knows: How scent, emotion, and memory are intertwined — and exploited». The Harvard Gazette. https://news.harvard.edu/gazette/story/2020/02/how-scent-emotion-and-memory-are-intertwined-and-exploited/
  2. Herz, R. S., Eliassen, J., Beland, S. y Souza, T. (2004). «Neuroimaging evidence for the emotional potency of odor-evoked memory». Neuropsychologia, 42(3), 371–378. https://doi.org/10.1016/j.neuropsychologia.2003.08.009
  3. Willander, J. y Larsson, M. (2006). «Smell your way back to childhood: Autobiographical odor memory». Psychonomic Bulletin & Review, 13(2), 240–244. https://doi.org/10.3758/BF03193837
  4. Chu, S. y Downes, J. J. (2000). «Odour-evoked autobiographical memories: Psychological investigations of Proustian phenomena». Chemical Senses, 25(1), 111–116. https://doi.org/10.1093/chemse/25.1.111
  5. Proust, M. (1913). Du côté de chez Swann (En busca del tiempo perdido, vol. 1). París: Grasset. La escena de la magdalena aparece referida y citada en la fuente 1.
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